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“LOS MANSOS”

“BIENAVENTURADOS LOS MANSOS PORQUE ELLOS RECIBIRÁN LA TIERRA POR HEREDAD”  Mateo 5:5

 

 

Jesucristo requiere de sus seguidores que sean mansos. Es mucho más fácil ofenderse, agredir al prójimo y extraer de él lo que se pueda.

Hoy en día se aprueba la agresividad, el empuje y entusiasmo del que va al frente y avanza aunque pisotee a los demás, la cosa es avanzar. ¿Cómo viene ahora Jesús a imponer esto de ser mansos? En segundo lugar dice: “los tales heredarán la tierra”.

Nadie duda que ese tipo de gente algún día tenga por heredad el cielo y la vida eterna.

Se nos dijo siempre que el cielo es para los mansos. Pero aquí el Señor afirma que será la “tierra” lo que los mansos recibirán por heredad. Justamente la tierra que por derecho les corresponde.

Pero aquí el mensaje de Jesús era justamente este: “los mansos heredarán la tierra”.

Lo que decía Jesús ni siquiera es lo que la iglesia de Jesucristo mismo desea oír.

Probablemente por la influencia del ambiente. Aún el pueblo mismo de Dios se ve tentado a pensar en términos de superioridad, de grandeza y fortaleza física.

Las sociedades modernas nos llevan cada día a mayores impulsos. No siempre se llama a esto egoísmo sino que se lo designa como (voluntad de crecimiento).

Jesús hace oír su voz  sobre los engrandecidos humanos y dice: “bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” ¿Quién es el manso? ¿Cómo son los mansos bienaventurados? ¿Son mansos los que pasivamente se dejan pisotear por los demás? ¿Es manso aquel que no insiste en sus derechos sino que  acepta con una sonrisa cualquier cosa que se le impone? ¿Quién es el manso a quien se refería Jesús?

 

Tal vez parezca esto una contradicción de términos pero MANSO ES EL FUERTE, el inmovible, el que está firmemente establecido, el que tiene la firmeza de un roble centenario. Es tan fuerte que puede darse el lujo de observar el exterior y sonreírse ante las más asombrosas situaciones. Manso es aquel que supo ser pobre en espíritu, que ha llorado delante de Dios delante de su miseria personal y espiritual y que precisamente por haber hecho eso tiene ahora una paz interna que le permite caminar por este mundo con la frente alta, pero ya sin esas fuerzas que impulsan tan furiosamente al hombre moderno. Ha hecho las pases con Dios y por eso puede estar en paz con su prójimo, “puede ser manso”.

El que es manso prefiere sufrir, ser enfrentado a tener que hacer sufrir a otros o enfrentar a otros, prefiere que lo ofendan a él a tener que ofender al prójimo. El manso no se ofende por cualquier cosita o que le digan o que  ocurra. Si le hacen daños personales se acuerda de las palabras claras de Dios que le dicen que vengarse no es cosa propia de los hijos de Dios. Si no que se debe dejar la venganza en las manos de Dios que siempre obra con justicia. El manso es aquel que tiene una relación íntima y clara con el Dios del cielo de manera que no tiene porque temer a los seres de ésta tierra.

En medio de las vicisitudes de la vida, en medio de los vientos que lo golpean, en medio de las tormentas que lo sorprenden, se acuerda siempre de palabras que Dios le ha dado y que por eso, son de absoluta confianza: “sabemos que los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien”.

 

Tal vez sea necesario observar un gran ejemplo de la Biblia para darnos una idea de cómo es el manso que lo llama bienaventurado. Creo yo queridos hermanos que usted habrá escuchado alguna vez del patriarca Abraham en la antigüedad. ¡Magnífico ejemplo de mansedumbre! Había sido elegido de Jehová de entre miles para protegerlo, bendecirlo, hacerlo hombre de fama universal. Y llegó el momento en que se produjo una discusión entre Abraham y su sobrino Lot. No hay suficiente terrenos y pastos para sus abundantes ganados. Ambos se dirigen a una de las montañas vecinas desde dónde sé observan las llanuras y los ríos, desde allí se ve donde están las mejores tierras y las aguas y los pastizales. ¿Dónde irá Abraham, el favorito de Dios y, dónde irá su débil sobrino?. Con su maravillosa mansedumbre Abraham dio a Lot la oportunidad de elegir su lugar de residencia. ¡Abraham, heredero de toda aquella tierra da prioridad a su sobrino que nunca llegó a grandes cosas!. Eso si que es mansedumbre al estilo de Dios.

Cierta vez en un viaje que realicé desde Francfort Alemania por la empresa Lufthansa, viví una situación que puso a prueba mi mansedumbre. Una pareja que tenía un bebé de días se acercó para pedirme mi lugar de asiento pues, estaba cerca del baño y les quedaba cómodo por el bebé, pero otra de las circunstancias del lugar es que era de la mitad del avión hacia delante, donde se siente menos las turbulencias y además superaba el lugar del ala de la aeronave. Teniendo desde ese lugar mejor vista que el lugar que me ofrecían. Podía negarme, pues había pagado por aquel lugar, pero con todo gusto accedí al pedido de ellos, el cual redundó en beneficio para mí pues, luego al finalizar el vuelo, la empresa me hizo un obsequio por el noble gesto. No es de gran valor material para mí, pues se trata de una revista que ilustra toda la empresa Lufthansa más un disquete empresarial, los cuales están en idioma alemán. Pero sí, fue de gran satisfacción emocional y, más que eso, la certeza de haber obrado con mansedumbre.

 

Hay un viejo refrán que dice: “El que  está en el suelo no teme caerse”. El lugar del avión que ellos me cedieron era el peor de todos los lugares, yo estaba seguro de que no me pedirían para a ir a otro peor lugar pues ese era ya el peor. Es lo mismo que los que saben que están en las manos de Dios. A pesar de cualquier tormenta que venga, pese a críticas y acusaciones y cualesquiera sospechas, se mantiene con toda calma porque sabe que todo esta en las manos omnipotentes de Dios. El manso es aquel que se ve sinceramente sorprendido de que Dios lo tome en sus brazos como su hijo y protegido.

Quizá se pregunta usted como  puede hacer para obtener esa mansedumbre. Bueno, yo no soy el mayor ejemplo de mansedumbre, pues reconozco que muchas veces los nervios me traicionan, pero se que nadie podrá tirar la primera piedra pues somos todos humanos, pero si se que las escrituras y el Espíritu Santo revelan la manera justa e infalible de ser “manso”.

No es algo que pueda obtenerse por medios propios o comprarse con dinero. Hubo monjes en la historia que se fueron al desierto y en aquella soledad quisieron ganarse la mansedumbre. Jamás ha sido esto posible. Pues el orgullo, la altivez de corazón y la indiferencia fueron también a ese refugio o convento.

Esta mansedumbre solo puede darla el dador de todo don perfecto. El que no conoce a Jesucristo y el poder de su Espíritu bien puede lamentarse si no ve mansedumbre en su propia vida pero el que ha sido redimido por el poder del evangelio no tiene excusa para no ser manso, posee ya la tierra pero un día reinará con Cristo y la tierra le será dada ciertamente por heredad. Puede advertirse nervios en mi vida pero no debe ser excusa pues como cristiano debo cultivar la mansedumbre.

Pr RAÚL EDUARDO ARANDA

EL EMBAJADOR DE CRISTO

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